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La bioconstrucción: una alternativa ecológica a la construcción desmedida de los últimos años

abril 12, 2016

Ante la fiebre por el ladrillo desmedida que hemos experimentado en España en los últimos años, han surgido alternativas que avanzan en el sentido de la construcción de viviendas respetuosas con el medio ambiente.

Para llevar a cabo la construcción de las casas en la actualidad se hace uso de una cantidad obscena de recursos y energía, que además generan un ambiente nocivo tanto para nosotros como para el medio natural. Por ejemplo, las pinturas utilizadas en la construcción de casas contienen muchas sustancias tóxicas y venenos, y toda la actividad que implica el procesamiento de cemento es amenazante para la naturaleza.

Por suerte, existe una alternativa a esta forma clásica y poco sostenible de construir viviendas: la bioconstrucción. Esta se ha convertido en una clara alternativa a la fiebre por la construcción que ha vivido la sociedad últimamente.

Hoy en día es posible, por el mismo dinero que gastas en una vivienda normal, en algunos casos incluso menos, contar con una vivienda 100% respetuosa con el medio ambiente y quedemás te ayude a ahorrar en el futuro, por lo que es un doble ahorro.
¿Qué es la bioconstrucción?

Antes de nada, debemos de saber qué es exactamente bioconstrucción ya que, como hemos dicho, el término puede resultar un tanto extraño, pues en las últimas décadas ha tenido mucho más éxito y repercusión la opción “contaminante”, por desgracia.

En la biocontrucción se trata de conseguir una vivienda que sea sostenible y saludable con el medio ambiente sin necesidad de poner a trabajar maquinaria pesada, es decir, de manera artesanal. Esta casa no solo será beneficiosa para el medio ambiente; también lo será para ti, y para tu bolsillo.

Al utilizar materiales ecológicos como el agua, la madera, la tierra y la piedra, crearás un hábitat respetuoso con el medio natural y reducirás a mínimos tus emisiones de CO2 a la atmósfera.
Ahorra con la bioconstrucción gracias al diseño bioclimático

Para llevar a cabo la bioconstrucción de una vivienda, se debe elegir un terreno que resulte adecuado. Para ello el terreno debe ser acorde a las características del lugar y de las personas que van a vivir en ella.

Los materiales escogidos serán importantes, ya que si se trata de una casa en una zona fría, necesitaremos materiales aislantes, con propiedades térmicas y capaces de retener el calor. Si por el contrario la casa se va a situar en una zona calurosa, habrá que buscar las sombras, los patios y recursos que nos protejan del sol, sin privarnos de las brisas.

En cuanto al aprovechamiento de los vientos y materiales aislantes, se recomiendaaislamiento térmico, ventanas de doble cristal y sellado hermético, buena orientación, materiales “duros” absorbentes del calor en el interior, vegetación apropiada en el exterior para evitar viento en invierno y buena sombra sobre las paredes de la vivienda en verano, buena ubicación de terrazas y patios, etcétera.

La orientación al sol nos permitirá conseguir espacios bien iluminados. Esto nos dejará reducir el consumo de energía al mínimo, con lo que ahorraremos en luz y calefacción.
Debemos adaptar nuestras rutinas para mantener la vida del planeta

Según el informe del IDAE (SPAHAUSEC), los españoles consumen de media 9.996 kWh/hogar y año. Esto es lo mismo que si cada casa quemara cada año 100 litros de gasóleo. Con las técnicas que propone el diseño bioclimático, se ha comprobado que cada casa podría ahorrar hasta un 70% de energía, lo que equivaldría al gasto de 6 años en energía.

Como decíamos al principio, la sociedad ha entrado en un bucle de construcción desmedido donde parece que nadie se para a pensar en el coste ecológico.. La bioconstrucción es una forma de adaptar nuestra vida para que todo funcione a nuestro alrededor de una forma más sostenible, gracias a una vivienda que no perjudica al medio ambiente.

Si queremos dejar a nuestros hijos y las demás generaciones futuras un mundo en el que se pueda vivir, tenemos que empezar a cambiar algunas cosas. Si estos cambios pueden, además de beneficiar a la naturaleza, suponer un beneficio para nuestro propio organismo, y para nuestro bolsillo, mucho mejor.

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